Voces Gitanas es una novela que intenta dar voz a una parte de la historia del pueblo gitano que durante muchos años estuvo olvidada y silenciada. Está inspirada en la Gran Redada de 1749, cuando miles de familias gitanas fueron perseguidas, separadas y encerradas para intentar borrar su identidad y su cultura.
Cuando empecé a escribirla, yo quería que la gente no solo conociera la historia, sino que la sintiera. Por eso la escribí en forma de novela, para que cada personaje tuviera alma, emociones y vida propia. Soñaba muchas veces con ellos: cómo hablaban, cómo sufrían, cómo luchaban… y sentía la necesidad de contar su historia.
El nombre de «Voces Gitanas» no surgió por casualidad. Lo elegí después de hablar con Basilio Perona, hermano de Paki Perona, que tiene una asociación que se llama precisamente «Voces Gitanas». Ese nombre me llegó muy dentro, porque resumía exactamente lo que yo quería hacer: dar voz a nuestro pueblo, a nuestra historia y a nuestras mujeres.
También me he inspirado muchísimo en el grupo de WhatsApp de Romís, mujeres gitanas, donde Rocío Ramos está enseñando a muchas gitanas a hablar nuestro romanó caló. Para mí ha sido una inspiración enorme ver cómo se trabaja por mantener viva nuestra lengua, nuestras raíces y nuestra identidad. De ahí también nace mucha parte del alma de esta novela.
En esta historia me centro mucho en las mujeres gitanas, porque para mí siempre han sido el verdadero pilar de las familias. Los hombres gitanos también luchaban y sufrían, claro que sí, pero las gitanas tenían algo especial: una fuerza silenciosa, una inteligencia y una manera de resistir incluso en los peores momentos. Muchas veces eran ellas las que mantenían unida a la familia cuando todo parecía perdido.
Por eso personajes como Petra, Lucía, María la Lobilla, Candela, Dolores o Rocío tienen tanta fuerza dentro de la historia. Representan a tantas mujeres gitanas que, aun con miedo y dolor, seguían adelante protegiendo a sus hijos, cuidando de los suyos y manteniendo viva la memoria y las costumbres del pueblo gitano.
También aparecen Juan Vargas y Juana, separados por la fuerza en medio de aquella tragedia; Esteban, marcado por el sufrimiento pero lleno de valentía; Miguel «El Tuerto», que mantiene viva la memoria contando historias; Gabriel, que encuentra sentido a su vida luchando por proteger a Rocío y a la pequeña Libertad, símbolo de esperanza y futuro. Y enfrente está Don Eloy, el hombre del cuervo, símbolo de la persecución y del poder que quiso aplastar al pueblo gitano.
Lo más bonito que me ha pasado es escuchar a la gente decirme: «Julián, he llorado con la novela». O preguntarme: «¿Qué pasó con Petra?», «¿Qué fue de Gabriel?», «¿Cómo siguió la vida de Libertad?». Muchos gitanos, gitanas y también gachés me han dicho que se quedaron atrapados en la historia y que querían una segunda parte. Y eso para mí fue algo muy grande, porque entendí que los personajes habían conseguido quedarse viviendo dentro del corazón de la gente.
Porque «Voces Gitanas» no habla solo del pasado. Habla de memoria, de identidad y de un pueblo que, aunque intentaran silenciarlo, jamás dejó de tener voz.




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